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La silla embrujada

El gobierno se viste de símbolos. Se gobierna también a partir de la representación que cohesiona a los ciudadanos y  le otorgan identidad colectiva. Sin la administración de estos símbolos – que significan legado, historia común e ideales comunitarios—el gobierno sería Piedra de Sísifo: roca que se empuja por una pendiente y que, al llegar a la cúspide, rueda de nuevo hacia abajo.

Rodrigo Medina fue el primer mandatario en Nuevo León que gobernó mediante imágenes, es decir, spots, fotoshop, vídeos, etcétera, con los que sustituyó propaganda política por publicidad: pasó de la cultura del mando al espectáculo de celebrities. Más artista que gobernante estatal, más emoticón que Jefe del Ejecutivo. En ese trueque de símbolos por imágenes, salió perdiendo la figura de primer mandatario. Por que? Simple: el símbolo tiene significado; la imagen sólo tiene significante (lo que se ve, es; no tiene trasfondo trascendente). Medina fue el primer mandatario sin significado en Nuevo León. Y el más corrupto.

Jaime Rodríguez, en cambio, está rodeado de símbolos: el caballo que deviene remembranza de la gesta revolucionaria, el ranchero que emerge de los orígenes campesinos de la Nación. Esta constelación de símbolos abrigan significados identitarios: expresan, con muy contados elementos, todo lo que somos. Representan, no solo ostentan.

Sin embargo, los símbolos de Rodríguez, ya gobernador de Nuevo León, no representan el mando gubernamental. Significan historia colectiva, pero no memoria ejecutiva. El gobierno de Nuevo León tiene sus propios símbolos: el Palacio de Cantera, las estatuas de próceres nativos, el despacho del gobernador con sus candiles y retratos al óleo… la silla del águila del gobernador.

Es verdad que para Emiliano Zapata, la silla presidencial estaba embrujada: “cuando un hombre bueno se sienta aquí se vuelve malo”. Pero habrá que ver si la culpa la tiene la dichosa silla de madera, o quien se sienta en ella. Cuando Rodríguez saca una silla como estas del despacho de gobernador, hace una representación de su promesa de correr a tanto bandido del aparato público. Pero en su simbolismo extremo se lleva de encuentro  a santos y pecadores, al mismo tiempo. Porque simbólicamente en esa silla se sentó lo mismo Bernardo Reyes que Raúl Rangel Frías.

Si la idea de sacar la dichosa silla representa la intención de encarcelar a toda la sarta de bandidos medinistas, será mejor que Rodríguez meta pronto al bote a Medina y a su papá y deje el simbolismo nuevoleonés como está. A menos que tal acto simbólico sea una premeditación de lo que vendrá en los próximos meses, y se pase del significante al significado, o como se dice en buen español, se pase del dicho al hecho.

eloygarza@yahoo.com

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