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Los renglones torcidos de Dios

Sucedió a plena luz del día en uno de los barrios bravos de la independencia…

A la vista de decenas de curiosos, un grupo de jóvenes visiblemente drogados, que no rebasan la mayoría de edad, participan en una “cascarita” de futbol macabra.

A modo de balón, estos mozalbetes utilizan la cabeza mutilada de un hombre envuelta en cinta canela.

El miembro grotesco rueda a cada patada dejando un rastro sangriento sobre el asfalto caliente  de la calle Morelia.

Una joven madre al presenciar aquella escena dantesca toma a sus dos pequeños hijos y huye horrorizada del lugar enclavado  en lo más alto de la “Indepe”, Allá donde ni la policía se atreve a entrar.

Ahí en los arrabales, cabalga el miedo en corceles desbordados, los crímenes atroces  se cuentan en secreto, de casa en casa y de esquina a esquina. Todo es un murmullo de voces calladas por el pánico.

Historias de terror son escritas a diario en esos renglones torcidos de Dios.

Como el caso de una jovencita embarazada, novia de un narcodistribuidor, que fue levantada y llevada a una casa de seguridad, uno de tantos refugios siniestros que abundan en el sector.

Cuentan que después de torturarla y ultrajarla, aun con vida sus asesinos le cortaron los pezones y se los enviaron envueltos en regalo a su pareja, integrante de un grupo criminal antagónico.

Es la descomposición del tejido social, el apocalipsis urbano del Siglo XXI, las atrocidades cometidas por pandillas de jóvenes disfuncionales que habitan los polígonos de pobreza, caldos de cultivo donde se nutre el crimen organizado.

Mientras los grandes capos del narcotráfico ocultos en la sombra de la clandestinidad, operan a voluntad los hilos de esta generación descompuesta, a la que controlan y manipulan a base de droga y dinero, el gobierno luce  dócil y débil, incapaz de frenar la barbarie.

Me impactó un artículo que publicó el periodista Raymundo Rivapalacios en su columna “Estrictamente Personal” a la que titula “Estamos en el Infierno” y en el que revela los síntomas de una sociedad que nadie desea.

En este escrito  describe la entrevista que el periodista Arnado Jaber de la radio brasileña “O Globo” le realizó desde la penitenciaria  a Marcos Camacho, «Marcola», líder del Primer Comando de la Capital carioca.

La organización criminal que nació en las cárceles, con presencia en el 75% de los estados de Brasil, y que controla las rutas de tráfico de drogas hacia Bolivia y Paraguay.

Es irrelevante si la entrevista es real o falsa -«Marcola» nunca la desmintió apunta Rivapalacios. Jaber hizo el retrato hablado:

__.  «¿Usted no tiene miedo a morir?», preguntó al jefe criminal.

__. «Ustedes son los que tienen miedo a morir, yo no», respondió.

__. «Aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas… Estamos en el centro de lo insoluble mismo”

__. “Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva especie, ya somos otros bichos diferentes a ustedes”

__. “. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama…, La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común…”

__. «Yo leo mucho… pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de Brasil”

__. “No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barrio… escondido en los rincones de la ciudad”.

__. “Ya surgió un nuevo lenguaje… Es otra lengua. Está delante de una especie de post miseria que genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas”.

__. “Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error».

__. «¿Qué cambió en las periferias?», insistió Jaber.

Marcola respondió:

__.  “Plata. Nosotros ahora la tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar (apodo de Luiz Fernando da Costa, jefe del Comando Vermelho, la organización criminal más antigua de Brasil), no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel… ¿Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, entiende?”

__. «Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y ‘colocado en el microondas’. Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes”.

__. “Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos”.

__. “Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre 38”.

__.»Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en superstars del crimen. Nosotros los tenemos de payasos”.

__. “Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos ‘globales’. Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros ‘clientes’. Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos».

__. «Pero la solución sería…», interrumpió Jaber.

__. «¡¿Solución? No hay solución!, hermano. La propia idea de ‘solución’ ya es un error. ¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río?… ¿Solución, cómo?… No hay perspectiva de éxito”.

__. “Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones…

__. “Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el Divino Dante, ‘pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el Infierno».

¿Tenemos ante nosotros una nueva clase de individuos que no tienen miedo a morir porque ya están muertos?

¿Analfabetas y disfuncionales, con nuevos códigos, lenguaje y método de lucha? ¿Es en efecto una nueva generación de desplazados y marginados de los que nos hemos convertido en rehenes sin darnos cuenta?

Son los “superstars del crimen”, que llaman “payasos” a los políticos, y ven en el Apocalipsis social su redención y venganza de una sociedad que por años los ignoró.

Parece, aunque no guste, que en efecto “Marcola” tiene razón, todos estamos en el infierno.
tintaenlasangre@gmail.com

 

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