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Mesas; ¿otra vez?

El bisoño Jefe de Gobierno del D.F. M. A. Mancera, sigue vagando entre un limbo – heterogéneo, evanescente – y la agobiante realidad;  ha propuesto que los maestros – que siguen jodiendo la capital de la República – instalen unas mesas  públicas  “para que la gente observe el debate” (sic)

De nuevo las endiabladas e inútiles mesas; éstos señores (as) han participado en su vida magisterial en más de 400 “mesas de diálogo”, donde prevalecen sólo sus inoperantes propuestas.

Las cuatro últimas-  recordemos – fueron instaladas en  la Secretaría de Gobernación, donde asistieron por varios días. No vimos las discusiones, sólo sabemos que no resultaron, como las 396 anteriores; lo que quieren es abrogar la nueva ley educativa, algo imposible de lograr.

La susodicha reforma y sus leyes secundarias fueron discutidas ampliamente por el Poder Legislativo y avaladas por la mitad mas uno, de los estados de la Unión; ya fue promulgada.

El Jefe de Gobierno lo que busca es aparecer en prensa como gran mediador o como Pilatos y su famoso lavado de manos; diciendo temeroso, timorato, entre líneas: “en eso no me meto”.

Tan temerosa actitud, nos hace ver que gobierna para su publicidad, sin comprender ni convencer.

No conoce a los maestros de la CNTE. Llevan más de veinte años en esa lucha inexplicable.

En tan dilatado tiempo, no  han logrado más que prebendas y premios redundantes del chantaje y su vocinglería; están acostumbrados a esas presiones donde navegan como pez en el agua.

Buscan que sus particulares intereses sean respetados, no derogados. Eso hará la reforma;  sus demandas  oscilan entre su particular decisión de entregar  plazas por dinero y la no intervención de gente ajena a ellos en el establecimiento de pruebas de capacidad magisterial.

Se han encaprichado en ello  siempre, señor Mancera; no le saque.

¿Por qué  insistir en nuevas mesas inútiles? ¿Quiere ganar tiempo para evitar una confrontación?

Ahora le toca a él desplazarlos si regresan al Zócalo; y se muestra pusilánime, como siempre.

La ciudad de México ha sufrido bastante por la desordenada actitud de esos vándalos dedicados a no dar clases. Han dejado atrás a millón y medio de escolares sin recibir educación y en el D.F. una ciudadanía muy golpeada, muy atormentada, por sus tropelías vandálicas.

¿Por qué hace un lado ésta realidad que todos comprendemos? ¿Tiene miedo de aplicar la ley?

La sociedad capitalina clama por su tranquilidad; a Mancera le toca sacarlos. ¿Por qué desconfiar de sus policías que han sido entrenados precisamente para deshacer éstos entuertos?

¿Tan pronto olvida  que los “maestros” de Oaxaca no son vulnerables, como lo hizo ver – con atingencia y profesionalismo –  el Jefe Mondragón el pasado 13 de Septiembre?

ozielsh15@gmail.com

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