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La diz’que debacle panista

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La baja sensible en la militancia panista es muy engañosa. Mucho tendrá qué ver la perspectiva del observador para suponer que el padrón revisado y depurado, implica una debacle del panismo como segunda fuerza política de México. Los otros partidos no deberían echar las campanas al vuelo. Tampoco suponer que la aparición de un nuevo partido, el de Morena, tenga qué ver con deserciones en el PAN… si acaso del PRD.

La caída en por lo menos la mitad del padrón panista es significativa, pero no por la reducción de la militancia activa en el PAN, sino por la calidad de la militancia en todos los partidos. Ahora sí que como dice el refrán, que cuando veas rasurar la barba del vecino, hay que poner a remojar la propia.

Lo que reveló la depuración dentro del PAN significa por lo menos tres cosas. Una es que había activistas decepcionados con la forma cómo se conducía su partido. Y es claro que en el PAN, como pasa en otros partidos, hay facciones y grupos que intentan imponerse, y que en algunos casos lo han hecho, incluso a pesar de estatutos y códigos de ética. De un tiempo a esta parte, el panismo pasó de un moralismo fundamentalista, a uno bastante laxo y acomodaticio. Tanto así que se ha agrietado la respetabilidad del partido.

Otro aspecto de esta depuración es el oportunismo, un mal generalizado en todos los partidos. El poder siempre será atractivo para los vivales. El poder les facilita todo, desde la posición social hasta la riqueza. Aunque la pérdida de posiciones del PAN en las pasadas elecciones no fue tan devastadora, la pérdida del poder central, el de Los Pinos, sí fue significativa. El más claro ejemplo es el del ex presidente panista Vicente Fox, que de ser un agresivo militante panista, y luego ser el primer presidente del PAN, abandonó al partido. No sólo eso, incluso durante las campañas, se inclinó muy claramente a favor de Peña Nieto. Y todavía más, fue bastante comedido con los priístas. Doña Martha de Fox llama a eso, ser un buen ciudadano; para una gran mayoría sólo muestra un intento de relacionarse con la nueva administración federal.

El tercer aspecto que evidencia la depuración panista es la mala calidad de la militancia. Esto es muy grave, porque no es privativo del PAN. Todos los partidos tienen militantes con poca o nula cultura política. No es frecuente que un militante partidista conozca al dedillo los estatutos y reglamentos internos de su partido. Obviamente, tampoco tienen capacidad para ejercer con ética y eficiencia moral su militancia.

El concepto de gremio político se parece entonces mucho al del gremio sindical. Militancia se mal entiende y se limita a asistir a reuniones, mítines y marchas, a repetir consignas, y a pagar cuotas. No hay decisiones compartidas, sino la instrucción vertical y unilateral de los líderes. No se puede hablar entonces de compromiso político, sino de una frivolidad. Casi como los aficionados al futbol que aclaman los triunfos de su equipo pero que en su vida han jugado ni siquiera un partido llanero.

Si lo vemos desde esta perspectiva, la caída en las cifras de militantes panistas es más bien positiva. Los demás partidos deberían tener ya sus barbas en remojo, porque es un indicador de que el PAN está siendo metódico al replantearse como partido. Al depurar, se queda una gran mayoría de militantes activos y políticamente conscientes de su militancia. La siguiente fase lógica es la reeducación política, la actualización. Que sean relativamente pocos no importa si son panistas convencidos e informados.

Así es que hay que seguir de cerca lo que hace Acción Nacional. No hay que fiarse de la reducción de su padrón. Hay que ver cuidadosamente la estrategia política detrás de la aparente debacle.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
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