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La información nunca está protegida

Extorsión telefónica

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Durante los recientes años, la extorsión telefónica ha sido un delito muy recurrente. Las campañas oficiales, básicamente de información, han reducido el impacto que tiene en la gente. Por lo menos ya se tiene una idea de cómo funciona esta estrategia criminal, y se puede reaccionar adecuadamente.

En general se nos ha dicho que no debemos aterrorizarnos. Los extorsionadores se suelen ubicar en reclusorios, desde donde hacen llamadas al azar. Su discurso está destinado a confundir a quien responde, jugar con su instinto de protección a la familia. Se supone que en realidad ni el que responde, ni sus allegados, están en peligro.

Estas son generalidades. Pero hay dos factores que hacen que las extorsiones telefónicas sigan vigentes. El primero es que en la medida que el discurso se les gaste, los delincuentes buscarán nuevas trampas verbales para enredar a sus víctimas. El segundo es que incluso con toda la información preventiva, nunca estaremos completamente seguros de que estamos a salvo.

Para empezar, las extorsiones pueden también originarse fuera de los reclusorios. Esto hace que el riesgo sea mayor, porque el delincuente puede moverse libremente y eventualmente podría ser capaz de concretar una amenaza. Más sobre todo si los delincuentes focalizan mejor sus objetivos y adquieren datos mínimos sobre quienes quieren extorsionar.

Tampoco estamos seguros de que el control de los penales sea tan eficiente como para impedir que los reos se dediquen a este lucrativo delito. Muy lucrativo porque se obtiene una buena ganancia con una mínima inversión de dinero y riesgo. El tema de los penales es un caso aparte, y esta es sólo una de las tantas irregularidades que pueden existir. Aunque tanto en Nuevo León, como en todo México, se hacen esfuerzos muy serios para recuperar el control de los reclusorios, hay que reconocer que todavía es una asignatura pendiente.

Pero la parte más delicada de este asunto de las extorsiones telefónicas está en la víctima. No se tiene que ser tonto o ingenuo para caer en una trampa de esas. Basta con ser una persona responsable y con un afecto profundo y sólido para con su familia. La reacción ante una amenaza es instintiva. Ante el peligro inmediato, por instinto se reacciona para proteger a como dé lugar. Tal vez luego se medite mejor, con más calma, pero en el momento la prioridad es la protección.

La sugerencia reafirmada ayer por las autoridades estatales de hacer la denuncia inmediata, es a todas luces la reacción más adecuada. En cuestión de un delito en proceso, es la autoridad la responsable de impedir que se concrete. Denunciar el hecho supone que de inmediato se pondrá en marcha la maquinaria oficial para proteger a los ciudadanos.

Es verdad que se debe denunciar, pero las autoridades deben reconocer que los niveles de confianza no son todavía los mejores. Esta es una asignatura también pendiente: recuperar la confianza de los ciudadanos. Los ciudadanos deben cambiar un poco su percepción del delito. Aunque se esté bajo amenaza individual, el delito es en realidad una amenaza social. Y la defensa de la sociedad está en mano de las autoridades. Así es que urge que los ciudadanos entiendan que los delitos son problemas sociales. Si así lo entienden, su reacción individual ante una amenaza será buscar la protección de quien debe proteger a toda la sociedad. La reiteración oficial de denunciar las extorsiones telefónicas sólo será atendida cuando se entienda la socialización de otra manera. Y sólo será entendida esa socialización cuando haya verdaderos cambios de fondo, tanto en los ciudadanos como en las propias autoridades.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
Lunes a Viernes a las 13 horas

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