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Acoso en Guadalajara

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Por Eloy Garza González:

Hace algunos días, en una conferencia sobre bullying y redes sociales en Guadalajara, hablamos sobre el efecto que los abusos verbales provocan en los menores.

Está comprobado desde hace décadas que en el caso de maltratos físicos frecuentemente el acosador adulto es hijo de acosadores.

Lo que no advertíamos son las repercusiones del trauma emocional, visible incluso en la estructura cerebral cuando somos adultos, del abuso verbal.

Un estudio reciente publicado en el American Journal of Psychiatry  demuestra que quienes experimentan bullying en la infancia forman callosidades en la zona que conecta el hemisferio izquierdo del cerebro con el derecho.

Los tests psicológicos muestran un cuadro clínico con niveles superiores de ansiedad, depresión, hostilidad, ira y disociación en el mismo grupo que experimentó el acoso.

El bullying tiene un gran impacto en los menores porque durante ese periodo evolutivo se produce significativamente la mielina, la sustancia blanca, relacionadas con las funciones de interconexión cerebral.

Por eso, en una buena parte de las víctimas del bullying se genera una incapacidad inducida para fijar juicios morales: se les forma a la mayoría cuerpo calloso en la zona que conecta los hemisferios derecho e izquierdo de nuestro cerebro.

Este efecto podría explicar el círculo vicioso de la relación que tiende a establecerse entre padres e hijos maltratadores. La solución, como lo expliqué al auditorio de Guadalajara, no es sólo de orientación moral sino científica. Y exige respuestas y acciones claras.

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