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Presidente gestor

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Desde antes de las elecciones y las campañas, se había notado una cercanía del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, con el gobierno de Nuevo León. Fue un visitante recurrente a las ceremonias puntales del gobernador Medina. Fue incluso señalado como un impulsor importante de su candidatura al gobierno estatal.

Es verdad que fue un tanto desconcertante que un político con poca trayectoria visible, con poca cartelera mediática, fuera el candidato del PRI para Nuevo León. Pero fue una campaña exhaustiva y exitosa. Y desde la toma de posesión de Medina, fue evidente la relación cercana con Peña Nieto.

Luego de tres años de sortear una situación muy difícil en Nuevo León, el gobernador podría en este momento tener un respiro. Ni su gestión, ni los acontecimientos sociales y económicos de Nuevo León, han sido favorables para Rodrigo Medina. Incluso los resultados electorales para la elección presidencial fueron adversos al PRI.

La llegada de Peña Nieto a Los Pinos es trascendental para México, porque es arrojar de nuevo al aire la moneda de la alternancia. Se esperaría por supuesto un ajuste de cuentas. Pero al menos por ahora todo parece indicar que las revanchas se quedan en el ámbito mediático. Son incluso más intensas en otros estados, no en el Nuevo León que no votó por Peña Nieto.

Al contrario, el Presidente impulsar una forma moderna de hacer política. La afinidad de Peña y Medina parece reforzarse. Ayer mismo, el Gobernador aseguró que el propio Peña Nieto ha ordenado la agilización inmediata de recursos y convenios atorados desde hace meses, y la mayoría están enfocado al combate a la inseguridad.

Esta es una asignatura importante, pero no es la única que nos ha quedado a deber el gobierno federal. Todo indica que, en la medida que se consolida el nuevo Poder Ejecutivo, no se pierde de vista a Nuevo León como un estado importante, y al que se le pude sacar bastante provecho político.

La gestoría ofrecida por el Presidente para Nuevo León parece transitar en ese camino. Estabilizar Nuevo León es absolutamente necesario, tanto para el gobierno federal como para el PRI. Los avances de la oposición panista en el Estado deberán conjurarse. Las fricciones con los empresarios deberán terminarse. El descontento popular deberá apaciguarse.

En todo esto, el gobierno del Estado no tiene mucho margen de maniobra. Se arrastra una debacle económica grave, en gran parte producida por la corrupción y la incapacidad en los propios gobiernos estatal y municipales. El frente abierto contra el crimen organizado parece rendir frutos, pero está muy lejos de terminar. La oposición misma se ha consolidado bastante bien dentro del Poder Legislativo. Gobierno y política se han demeritado mucho a los ojos de la opinión pública.

Así las cosas, un presidente cercano al Estado, y dispuesto a ser gestor oportuno para el Estado, es una carta fuerte que debe jugarse. Tal vez no en el sentido de la gestoría que se ejerció en tiempos de Carlos Salinas, pero sí a tono con una nueva visión de estado que parece perfilarse ahora desde Los Pinos. Ya tenemos un gobernador joven, pero sigue en aprietos. Ya tenemos un presidente joven, falta ver si a la juventud se le suma también una manera moderna de hacer política y de gobernar. Sino, la gestoría no servirá de nada.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
Lunes a Viernes a las 13 horas

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