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No se acabó el mundo

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No se acabó del mundo, y ni modo de culpar a los mayas. En realidad, lo que terminó fue una cuenta de días en uno de los calendarios que usaban los mayas. Pero en toda la historia, la gente ha temido el fin de cualquier ciclo, o hasta las fechas con alguna singularidad. En el siglo Noveno de nuestra Era, se generalizó en Europa la idea del fin del mundo, sólo porque se acercaba el año número mil. En el año 2 mil, también hubo incertidumbre. Lo mismo pasa con eventos astronómicos extraordinarios o catástrofes naturales. En ningún caso hay argumentos sólidos que hagan suponer siquiera una catástrofe generalizada para la humanidad.

En México, este evento se ha promovido mucho, aunque con mucho escepticismo. Sí ha servido mucho para que el mundo voltee a ver con mayor atención a la zona maya de México y Centroamérica. Más que fin del mundo, para esta zona esto significa un posible renacimiento, porque puede detonar no una catástrofe sino un “boom” turístico.

Pero en México somos catastrofistas por naturaleza. No somos crédulos sino, como diría El Piporro, somos “mitoteros”. Si celebramos a la muerte, ¿por qué no celebrar al apocalipsis? Aunque debemos aclarar que al parecer hay algunas fallas en la cuenta oficial del calendario maya. Algunos estudiosos opinan que si bien los mayas eran muy exactos en sus calendarios, nosotros no. Dicen que el fin de la “Cuenta Larga” no es este 21 de diciembre, sino el 23. Por lo tanto, todavía hay una oportunidad para esos desesperanzados que esperaban que el cielo les cayera encima este viernes.

Y si queremos ver más señales apocalípticas, podríamos echar una ojeada al acontecer político mexicano. Así como el presunto fin del mundo maya, se había vislumbrado también el fin de la eternizada lideresa magisterial, Elba Esther Gordillo. Todo por la Reforma Educativa, que ha causado señales muy ambiguas desde el poderoso y autocrático sindicato de maestros.

Tan ambiguo se perfila el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, que dice apoyar la Reforma Educativa, pero a la vez llama a dialogar para depurar lo que no les gusta, o no les conviene, y todavía más, convoca a un movimiento magisterial de resistencia pacífica.

En política, los mensajes ambiguos no son contradicciones involuntarias. Son en realidad advertencias directas para obligar a que se llegue a acuerdos a puerta cerrada. El diálogo al que convoca el Sindicato, por órdenes de Elba Esther, seguramente sería un diálogo público y abierto; pero la negociación es privada y entre unos cuantos.

La base magisterial ni siquiera tiene una noción exacta del verdadero alcance político de la Reforma. Menos aún de las necesidades sociales que lo impulsan. En el discurso demagógico de los líderes sólo se busca mantener un sindicato estable, sólido y sobre todo, manejable.

Pero la Reforma Educativa no es un hecho consumado todavía. No hay mucho de qué preocuparse. “La Maestra” sigue tan fuerte como siempre, y el magisterio igual de sumiso. La resistencia pacífica a la que convoca Elba Esther sólo retrasará un poco el crucero por el Caribe prometido a sus operadores sindicales. Pero de que zarpará, zarpará, definitivamente. Aunque la base sindical se quede, como siempre, varada en el puerto.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
Lunes a Viernes a las 13 horas

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