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La mágica democracia mexicana

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La visita del presidente Enrique Peña Nieto a Nuevo León no debe verse como un itinerario inocente. La visita de cualquier presidente a un estado siempre tiene una variedad de objetivos, la mayor parte de ellos de tipo político, y esta no es la excepción.

No es una retribución a sus electores, porque sabemos que en Nuevo León ganó Josefina. Precisamente por eso debe afirmar su presencia como presidente y líder priísta. De paso apuntalar la tan vapuleada imagen de los gobiernos priístas locales, especialmente al gobierno del Estado.

En la clase política, por supuesto que se tratará de canalizar esta visita. Dentro del mismo priísmo, todos tratarán de salir en la foto, confirmando así una preferencia o una cercanía que pudieran beneficiarles en sus particulares operaciones. El “charolazo” no sólo lo da una credencial oficial… una foto con el Presidente, que siempre va a sonreír, también podría abrir muchas puertas y amarrar muchos negocios.

Para los ciudadanos en general, la visita del presidente no tiene importancia, o no debería tenerla. Además de las molestias por desplazamiento y seguridad del Ejecutivo, no va a suceder nada que no sucedería si no estuviera presente.

El anuncio de la Línea 3 del Metro, por ejemplo, es un hecho difundido ya desde el primer discurso de Peña Nieto. No conocemos los detalles, y en Nuevo León se ha mantenido un misterio ridículo sobre los detalles del proyecto. Los operadores de imagen de los mandatarios insisten en dotarlos casi de poderes mágicos y místicos, Pareciera que la sola mención oficial funcionara como un “abracadabra” que hiciera realidad las obras.

El Ciudadano Presidente pudo muy bien ahorrarse el viaje. Desde un comunicado oficial, por los medios de comunicación normales, se puede perfectamente detallar la obra, su alcance, su impacto, y su costo. Retrasar el anuncio para darlo en conjunto con el gobernador, y precisamente en Nuevo León, sólo pretende dar la impresión de que la nueva línea fue concebida y nacerá por “obra y gracia” de los mandatarios.

De entrada esto ya es un error, porque los mandatarios son los electores, y la Línea 3 del Metro, y todas las líneas, obras y demás que se les ocurra, no son ocurrencias de la benevolencia oficial, sino la respuesta a una necesidad social, es decir, la obediencia de las autoridades al mandato del pueblo.

Finalmente, esta y todas las obras que se les ocurran, se hacen porque las necesita la ciudadanía, y se hacen con el dinero que aporta la ciudadanía y que, dicho sea de paso, con deudas que va a pagar la ciudadanía.

Pero así es la mágica democracia mexicana, que impone el mandato a los que deben obedecer, y obediencia a los que deben mandar. Y respecto al agradecimiento popular que se trata de buscar en Nuevo León, se impone la proverbial respuesta de cortesía: ¡de nada!

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
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