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La lideresa incómoda

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Es curioso que se apruebe la reforma educativa un día antes del aniversario número 96 de que se aprobó el artículo tercero de la Constitución. Aquel congreso constituyente sentó las bases de una necesidad inaplazable: una reforma educativa integral. Y lo fue, por lo menos a las luces de la inteligencia de aquellos diputados. De la misma forma, antes de la Revolución, la propia dictadura fue consciente de la importancia de la educación, y hubo acciones positivas al respecto.

Por supuesto las condiciones y las necesidades han cambiado muchísimo en casi un siglo. Aunque hubo ajustes frecuentes a las leyes educativas, nunca han sido suficientes. No lo eran ni lo son todavía, aún con la controversial aprobación de ayer en lo general de nuevas reformas.

Hay que ver que un personaje recurrente en el debate fue la poderosa líder magisterial Elba Esther Gordillo. Claro que no estuvo presente, pero fue mencionada, invocada y representada constantemente. Pareciera que la reforma estaba destinada especialmente a demoler ese poder fáctico que se ha fortalecido tanto como para enfrentar con éxito a los poderes del Estado.

Es evidente que en una democracia no es aceptable un poder fáctico de esa magnitud, ni en el magisterio, ni en otro grupo sindical, ni en cualquier otro grupo legal o ilegal. Pero no nos engañemos. La reforma educativa podrá de alguna manera limitar un poco las atribuciones casi divinas del sindicato magisterial, pero no es suficiente como para siquiera mover un milímetro el trono sindical de doña Elba.

Las acciones contra liderazgos incómodos no surgen de una reforma, sino de una decisión presidencial. Casos como Carlos Jongitud, el antecesor de Gordillo, o como el de Joaquín Hernández, “La Quina”, son bastante ilustrativos. Aunque hay que decir que son estilos de gobierno no necesariamente recomendables. Un ejercicio de un presidencialismo casi dictatorial del que el PRI, de regreso a Los Pinos, debe deslindarse… aunque es muy pronto para saber si quiere realmente hacerlo.

La Reforma Educativa autorizada en lo general ayer, incluso acota la injerencia del propio presidente en el sistema educativo. No es un golpe mortal al poder fáctico del Sindicato que preside eternamente Elba Esthet. Es, si me permite usted la comparación, sólo “ponerle el cascabel al gato”.

Claro que es muy pronto para ver si es verdad la promesa del gobierno federal, comprometida además con el Pacto Nacional, de acabar de una buena vez con los poderes fácticos. Pero por lo pronto, la reforma educativa debe verse desde el ámbito educativo, y desde el de la administración misma de la educación desde el Estado. Por ahora, la lideresa incómoda sigue tan cómoda como siempre.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
Lunes a Viernes a las 13 horas

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