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Los ‘empíricos’

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El Gobierno del Estado parece que está tomándose a muy en serio la tesis de que la educación, emparentada de cerca con la preparación profesional, servirá para alejar a los jóvenes del “mal camino”. Además esto tendría el “plus” de que al reforzarse la fuerza laboral, el desarrollo económico del Estado también repuntaría.

El desarrollo de estos argumentos es impecable. Y sobre la idea, se ha estado desplegando una gran actividad en este sentido. El programa “Jale” ha funcionado razonablemente bien, tanto que se ha replicado como un objetivo en la Conferencia de Gobernadores. Debemos aceptar que es una buena idea, aunque hay que reconocer que no parece ser suficiente. Cada evento para ofrecer empleo es todo un éxito en asistencia. Pero al menos en este caso, la asistencia masiva no es para presumirse. Por el contrario, el verdadero éxito que que cada vez fueran menos los que requirieran de ese servicio estatal.

Pero con todo es meritorio que ese esfuerzo se mantenga, se le dé continuidad por otros medios, y se incluya además a cualquier desempleado o a cualquiera que necesite preparación. Es evidente que se está tratando también de tapar otro viejo hoyo: el educativo. Pero ese es otro tema, y ya habrá el momento oportuno para abordarlo.

Ahora, el Gobierno Estatal está buscando otra manera de impulsar la fuerza laboral, y la encontró. El programa de Certificación de Competencias Laborales que acaba de iniciar, ofrece dar una validez oficial a tantos que dominan un oficio tras años de práctica, pero no tienen un título que los avale. Por ahora los oficios que se van a certificar son muy precisos. Se trata de aire acondicionado y refrigeración, electricidad, carpintería, soldadura, plomería, operación de montacargas, mantenimiento eléctrico automotriz, reparación de frenos, afinación de motores, atención a comensales y programas de computación. Son oficios muy prácticos y de mucha movilidad en la demanda, tanto en empresas organizadas como en autoempleo y pequeños talleres.

Claro que esto es muy positivo. Muchos han aprendido sus oficios en la práctica, y los años les han dado una capacidad muy superior incluso a quienes ostentan un título. Y aquí es precisamente donde empiezan los problemas.

Los llamados “empíricos” tardan años en lograr esa capacidad que los pone como técnicos superiores a los que han sacado un título. No se “quemaron las pestañas” estudiando, pero se cultivaron canas aprendiendo. Esto precisamente hace la diferencia, porque muchos de estos técnicos empíricos ya no son precisamente jóvenes, al menos para las expectativas de las empresas. La edad será un factor en contra para esta planta laboral. La certificación les ayudará, por supuesto, para cotizar mejor su trabajo y ampliar sus oportunidades, pero casi todos estarán excluidos de las ventajas de las leyes laborales, sobre todo en cuanto a prestaciones y seguridad social.

Por supuesto, para avanzar firmemente hay que dar un paso a la vez. No hay qué demeritar el proyecto estatal sólo por esto, después de todo la discriminación laboral es un tema que todavía no se agota. Y la forma de discriminar más común y más difícil de impedir legalmente es esa frontera de edad que establecen los empresarios.

Enhorabuena por el proyecto estatal… Pero falta mucho, mucho para hacer que el trabajo sea una bendición para todos, sobre todo cuando se sigue desperdiciando así una gran parte de la población productiva y capacitada.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
Lunes a Viernes a las 13 horas

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