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El poder de la botella

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Los sufridos antreros parecen haber sensibilizado a la administración municipal. Un grupo de dueños de antros y un contingente de unas doscientas personas protestando bastaron para que, por lo menos, bajaran la presión municipal contra este tipo de negocios. Ayer se decidieron a actuar en dos frentes. Por un lado, se apersonaron en el palacio municipal, donde fueron recibidos por la Secretaria delk Ayuntamiento, Sandra Pámanes. De ahí lograron rápidamente una promesa abierta: que no los seguirían asustando con marinos a la hora de desalojar los inmuebles. De ahora en adelante, será sólo personal de Inspección y Vigilancia el que vaya a pedir que cierren los antros que operen a deshoras.

Esto al menos es lo que reconoce la administación de Monterrey. Por su parte, los antreros aseguran que la propia alcaldesa, Margarita Arellanes, les prometió ser, “un poquito” más flexibles con la hora del cierre. Dicen los antreros que “antes”, en otras administraciones, sí eran flexibles.

El otro frente fue en el Congreso del Estado. Ahí se presentó una iniciativa que aumenta notablemente el horario de operación de los antros. Sin conceder, algunos diputados aseguran que se revisará oportuna y objetivamente la solicitud.

Todo parece ir viento en popa, y mientras el municipio se pone “un poquito” más flexible con la aplicación de la Ley y del reglamento municipal, mientras además se manda a los marinos a otra parte para que no infarten a los parroquianos, en tanto en el Congreso añaden una iniciativa más a las decenas de pendientes que tiene y arrastra el Poder Legislativo.

Es sorprendente cómo un contingente bastante menor, con una exigencia que va de lo frívolo a lo egoísta, tiene una respuesta tan rápida en dos órdenes de gobierno de primer nivel. Sobre todo si comparamos con otras manifestaciones ciudadanas, públicas, urgentes y vitales, que pasan sin pena y sin gloria por los oídos oficiales.

Para empezar, esa “poquita” flexibilidad que piden y que aparentemente se les promete, no es tan “poquita”. Antes y ahora, ser “poquito” flexibles con los horarios ha significado, para empezar, antros abiertos incluso hasta entrada la mañana. Además de que es un área de oportunidad para que se pueda regresar al tradicional “moche”.

Sacar a los marinos de los operativos es un absurdo. Tal vez no tengan nada qué ver con esas acciones, pero es innegable que por la hora en que se realizan y por los antecedentes de delincuencia en la zona metropolitana, lo más recomendable es la presencia de autoridades policiacas, sean marinos, policías municipales o hasta estatales. El único parroquiano que podría sentirse intimidado por la presencia de una autoridad policiaca es el que tiene algo que esconder. Los demás podrán sentirse incómodos, por que les quiten la botella; o avergonzados, porque estar en un antro a las 5 de la mañana podrá ser muy divertido, pero socialmente no es encomiable.

En realidad, no permitir policías o marinos en los operativos, favorece más a los delincuentes que a los parroquianos. La prueba está en el reciente atentado contra el bar “La Eternidad”. El ataque fue contra la fachada, aparatoso pero inofensivo. Y esto se entiende, porque las incursiones de este tipo deben ser muy veloces, a sabiendas que los marinos patrullan la ciudad. Antes hubieran tenido tiempo para entrar, robar, masacrar, levantar, y hasta tomarse la copa del estribo.

En verdad, lo ideal sería que no hubiera más límite a los horarios que el meramente operativo. Pero como lo dijimos antes, con el impacto actual de la inseguridad, no es el momento. Además, no estamos ni moral, ni socialmente preparados para eso.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
Lunes a Viernes a las 13 horas

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