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El gris color de la desesperanza

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Caminar por las calles de Monterrey en estos días es gris y no por el cielo nublado, o el pavimento resbaladizo. Lo es por la desesperanza que reina en la llamada «Sultana del Norte», ya que nadie, se preocupa por el hecho de que la ciudad se desmorona.

Nadie, desde el gobernador del estado, Rodrigo Medina, pasando por la alcaldesa Margarita Arellanes, la policía, los tránsitos, los empresarios, los ambulantes, los ancianos, los eloteros, los maestros, y así hasta llegar al ciudadano común y corriente. Uno camina por las calles de esta ciudad, ve la cara de la gente y esta voltea la mirada, viviendo su propio universo, el egoísmo de una mala cara, todo producto de lo podrido de la situación.

Vivir en esta ciudad es gris. Naces, creces para aspirar a tener un trabajo, una casa, casarte (mientras más rápido mejor, ¡qué tontería!), tener familia y así pasa tu vida, sólo esperando el día siguiente hasta que se repita el círculo vicioso del que formas parte.

Los jóvenes de esta ciudad no tienen esperanza y lo único que tienen e interesa es que Rayados o Tigres vayan bien, aunque si van mal de todos modos ahí andan como quinceañeras con el primer amor. A los chavos de este terruño no les interesa si la economía esta mal, si la inseguridad esta del asco con tanto muerto, asalto, secuestro, etcétera. Sólo importa ir a «agarrar el pedo» el fin de semana y esperar que sea lunes para volver a trabajar.

Muchos jóvenes en Monterrey no saben que el dizque gobernador ha propuesto aumentar cincuenta por ciento el ISN y con eso le terminará de dar en la torre al empleo. Eso sí, mucha seguridad aunque no tengamos jale.

Pero ¿qué diantres es el ISN? No importa, aquí no. Aquí en Monterrey, no. Esta ciudad que ha dejado de ser la Ciudad de las Montañas para pasar a ser la Ciudad del Conformismo. Una queja está mal vista, estar en desacuerdo con lo establecido, no es bueno, «Dios mío, ¿cómo dijo eso?». Aquí no pasa nada, salvo que Humberto Suazo se quiera ir a otro equipo, ahí sí andan todos alarmados, cual emergencia nacional.

En esta ciudad, antes innovadora y con empuje, he llegado a escuchar a muchos chavos decir «¿para qué estudio si de todos modos voy a conseguir un jalecito que me permita echarme unas cheves?» ¿Es neta? ¿De verdad a esto tenemos que llegar? ¿Dónde quedaron esos antiguos ideales de juventud de superarse, querer siempre más?

En fin, los chavos no tienen la culpa, así han y hemos crecido, tomando todo lo que nos dan, lo poco que nos dan, sin siquiera hacer pío. Porque en resumidas cuentas, si a los que según somos el «futuro», nos importa más andar haciéndola de tos porque los bares y antros van a cerrar más temprano, estamos jodidos todos ustedes.

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