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Antreros oportunistas

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Este fin de semana, los empresarios de bares, discos, cantinas y negocios afines, pidieron sólo dos cosas: una, que cesara la presión de los marinos, que los obligan a cerrar a las dos de la mañana; la otra es que los dejen cerrar más tarde. La respuesta de la alcaldesa de Monterrey, Margarita Arellanes, no pudo ser más clara: el reglamento dice que deben cerrar a las 2 de la mañana, y si quieren ampliar el horario, que lo lleven al Congreso, porque eso lo determina la Ley de Alcoholes.

El fenómeno de antros abiertos a deshoras no son recientes. Al concepto de “antro de vicio”, se añade otro vicio, el de la corrupción, que ha permitido que estos locales funcionaran con impunidad por sobre los reglamentos municipales. Hasta ahora ninguna autoridad municipal, ni en Monterrey ni en casi todos los municipios, se han tomado en serio su responsabilidad de hacer respetar los reglamentos.

La medida aplicada por Monterrey, aunque podría parecer excesiva, no tiene ningún doblez. Se trata no de afectar a los antreros, sino de obligarlos a cumplir con una normativa consensuada, aceptada y legislada. La afectación que ellos argumentan es real, pero no es culpa de los marinos, ni del ayuntamiento regio, sino de que estaban acostumbrados a funcionar si respeto a las leyes, es decir, con la caja registradora abierta a todas horas.

Es verdad que muchos de los parroquianos podrían atemorizarse por la repentina irrupción de los marinos, y por los desalojos. Pero hasta ahora no se han reportado incidentes graves. El procedimiento es simple: llegan los inspectores municipales apoyados por los marinos, invitan a los parroquianos a salir, y se cierra el local. Tan tranquilo es el operativo que muchos clientes han salido de un antro para ir a otro para seguir la fiesta.

El caso es que con argumentos muy unilaterales, los antreros pretenden llevar a debate el tema de los horarios. La crisis, en realidad, está sólo en sus bolsillos. La impunidad les rindió muchos buenos dividendos, y ahora intentan recuperarlos. En la medida en que el Congreso del Estado responda a sus demandas, se verá qué tan dignos diputados tenemos.

Pero por si se les olvida a nuestros congresistas, hay qué recordarles por qué se creó la legislación vigente. No hace mucho, el área metropolitana vio casos realmente deplorables relacionados con los antros. El alcoholismo avanzó vorazmente, sobre todo entre menores de edad. Vimos accidentes trágicos y frecuentes relacionados con jóvenes conductores alcoholizados. Fue dolorosamente común encontrar menores de edad embriagándose en los antros. Hubo incluso actos violentos dentro de los antros, que normalmente se relacionaron con la venta de drogas.

No todos los antros están en esa situación, pero por la naturaleza misma de ese tipo de negocios, siempre serán atractivos para la delincuencia organizada, y no sólo como clientes. Y entre más tarde operen, más interés despertarán también entre la delincuencia común.

Es posible que ampliar el horario de estos negocios sea una medida adecuada, pero no en este momento. Para que funcionen con amplitud de horario se necesita que todos, y más aún los jóvenes, tengan un nivel de madurez social que estamos muy lejos de tener. Se necesita que la policía preventiva funcione con eficacia y eficiencia. Se necesita que los indicadores del delito común caigan radicalmente y dejen de estar focalizados. Se necesita neutralizar definitivamente la infiltración de la delincuencia organizada, no sólo en los antros, además en la administración pública. Se necesita que los antreros se hagan corresponsables del estado en que dejan a sus parroquianos. Finalmente, se necesita un excedente económico y moral para poder, ahora sí, ejercerlo en los antros sin consecuencias para la sociedad.

Por ahora, legislar sobre la ampliación de los horarios, sería inapropiado, oportunista, y hasta criminal.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
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