Lo de hoy...
La información nunca está protegida

Antidopajes municipales

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Lo de hoy, lo de hoy, es más bien el antidopaje. Para empezar, en Apodaca, el de nuevo alcalde Raymundo Flores Elizondo no sólo abrió su gestión con un atidoping general para sus oficiales, además puso la muestra y se lo aplicaron primero a él. En San Nicolás, Pedro Salgado no se quedó atrás, y por lo menos ya anunció que también se aplicarán exámenes antidoping.

Es muy probable que otros alcaldes hagan lo propio y le receten la misma medicina a sus oficiales. Seguro que no van a querer quedarse atrás. Porque debemos reconocer que eso de revisar que los oficiales no sean adictos es una buena medida preventiva. El caso es que si alguno fuera adicto, la única manera que tendría de conseguir la droga sería a través de la delincuencia organizada. Y claro que ese contacto garantiza que pueden ponerse de acuerdo para otras actividades. Por supuesto, el adicto siempre está en desventaja frente a su proveedor, es decir, bajo su control.

Esto del antidopaje a oficiales parece una buena medida de seguridad interna para todos los municipios, al menos para los 33 que tienen policías, porque todavía hay 18 municipios que no tienen fuerzas preventivas, y siguen atenidos a la Fuerza Civil, y a las fuerzas federales, aunque tengan atribuciones muy limitadas.

Pero volviendo al ejemplo de Raymundo Flores, que predicó con el ejemplo, eso del antidopaje debería ser generalizado. El vínculo de dependencia de los adictos con los criminales no sólo se puede dar en oficiales. Todos somos susceptibles a esa dependencia. Y en las administraciones municipales, desde el alcalde, hasta el humilde barrendero, pueden tener ese problema. Hay que asumir que ese problema es personal, pero en el caso de un funcionario público, de cualquier nivel, se convierte en un problema social realmente grave.

Sólo hay un punto que debe aclararse. Si es cierto que un adicto puede abrir la puerta al crimen y a la corrupción en la administración pública, no es la única manera. La corrupción puede florecer perfectamente en personas que no son adictas, por lo menos no a las drogas, sino al dinero o al poder.

En estos casos, el antidopaje no significa nada. Ni siquiera las famosas pruebas de confianza. Los mecanismos para bloquear la corrupción parecen escapar a la ciencia. Y se entiende que así sea, porque la corrupción es un cáncer moral. Mientras los mismos funcionarios que encabezan todos los órdenes de gobierno no asuman que también son líderes morales de la comunidad, no habrá un verdadero cambio.

El antidopaje no estorba, pero nunca será suficiente.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
Lunes a Viernes a las 13 horas

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