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La información nunca está protegida

La triste historia de la delincuencia

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Por: Omar Elí Robles
Releo El Zarco, esa creación de Ignacio Manuel Altamirano… y es inevitable el paralelismo.

El relato de la segunda mitad del siglo XIX habla de Los Plateados, que en aquel tiempo eran el azote de la ciudadanía.

Asaltos… apropiación violenta de haciendas… cobro de piso a los hacendados para poder sacar sus productos a la venta en la capital…

Yautepec, Morelos, es un pedazo de México…

Pero un pedazo que nos remite indefectiblemente a nuestra realidad.

Los zetas, la familia, los templarios, los golfos… todos esos criminales que hoy en día provocan zozobra en la sociedad mexicana, no son sino la encarnación de aquellos Plateados que tenían en un infierno a las buenas familias de aquel entonces.

El secuestro, modalidad criminal que trajo a México un gobernante clerical apellidado Cobos, que llegó desde España… se convierte desde entonces en una pesadilla.

Los Plateados eran como los zetas o como todo el resto de bandas criminales… atacaban en montón, pero sus víctimas principales eran gentes inermes.

Su mejor arma era el miedo… el terror que infundían a los ciudadanos, quienes preferían entregar bienes, antes que la vida.

La historia es cíclica…

Y siempre, sin excepción, solamente aquellos quienes se unían, quienes tornaban el miedo en resolución colectiva, se mantuvieron libres y a salvo.

Allí nunca se metieron, ni lo intentaron…

Unirse como sociedad, queda en claro, es el camino…

Sí, desde luego, el Ejército y las Fuerzas Armadas son vitales y determinantes, pero con todo ello, sin una sociedad integrada, esto no funciona.

Se necesita valor…

Pero sobre todo, solidaridad.

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