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La broma del año

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Por Ilich Cuéllar: 

Es de sobra conocido que a los mexicanos nos gustan las pachangas y las bromas, tomarnos todo con humor, al grado de burlarnos de la muerte y de nosotros mismos.

Pero lo sucedido en nuestro país este año, antes, durante y (sobre todo) después del 1 de julio, día de las elecciones presidenciales, rebasa todas las bromas, burlas, y chistes hechas hasta la fecha. ¿Ejemplos? Ahí está la campaña de Josefina Vázquez Mota, que como dirían en el argot popular fue un «rebane». Si a eso, le agregamos la arrolladora personalidad del consejero presidente IFE, Leonardo Valdés Zurita, la telenovela que se armó el PRI y la mafufa «República del Amor» de AMLO, la fiesta, para la cual me preparé con gorros, globos y serpentinas, estaba asegurada.

El terrorífico espectáculo, la noche de la elección, parecía sacado de una película de John Carpenter, protagonizado por Linda Blair y «Piporro», por aquello de lo bizarro y cómico. Los anuncios de Chepina, Valdés y el presidente Calderón, reconociendo al galán Enrique Peña Nieto, como el ganador de la jornada, mandaron a la cama a millones con pesadillas y cara de incredulidad. Obviamente no a todos.

Como diría Américo «El Tolo» Gallego, defenestrado técnico de Tigres: «Me río para no llorar».

Mencioné que lo ocurrido después fue mejor. De la impugnación hecha por López Obrador, presentando pruebas de la compra masiva de votos hecha por el PRI, ayudado presuntamente por Soriana y Monex, caímos a la granja que llevó al Tribunal Electoral. De lo correcto a lo bufonesco.

Me imagino que a los magistrados del Tribunal, no les bastó, pues una a una fueron desechando las (evidentes) pruebas de la compra de votos, resultando con la entrega de un bonito diploma, enmarcadito y todo, que certifica a Peña Nieto como Presidente Electo por los próximos 6 años. Si usted vio dinosaurios festejando al ritmo de los boleros de Agustín Lara y mantas de apoyo como las que se hacían en tiempos de Plutarco Elías Calles, no se espante, es parte del espectáculo.

Obviamente a esta fiesta del buen humor le faltaban los «mala copas». Ahí está el último «Informe» presidencial de Felipe Calderón, complacencia masturbatoria como los mejores chistes de Polo Polo, diciendo que ahora estamos mejor que hace 6 años. Y para rematar, la presentación del equipo de transición presidencial, incluyendo a la hermana del Subcomandante Marcos y a Rosario Robles, ésta ultima justificada por Luis Videgaray, el maquiavélico grillito que acompaña a EPN, desde tiempos inmemoriales, diciendo que Robles ayudaría a combatir la pobreza «con visión de izquierda». Hasta las risitas grabadas de los programas de Chespirito se quedaban cortas.

Si con todo esto, no queda claro que nos encanta andar de chistositos, es hora de desempolvar las grabaciones del «Chis Chas».

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