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Ni un peso al Metro

Tener la friolera de 26 lesionados en un choque entre camiones urbanos no es para dejarlo pasar. No es la primera vez que suceden accidentes como el de ayer en el sur de Monterrey. Con más o menos lesionados, pero suceden. La frecuencia no importa, el hecho es que no dejan bien parado al transporte público de la zona metropolitana.

En esta ocasión, se presume que a uno de los camones le fallaron los frenos. Algo que a cualquiera le puede pasar. Pero tratándose de un trasporte de pasajeros, una falla mecánica adquiere otra dimensión. Aquí ya no se trató de la pericia del chofer, sino de un problema mecánico. Es decir, una responsabilidad que recae directamente sobre la empresa.

Es curioso que este accidente suceda en medio de la polémica sobre un probable aumento en las tarifas del Metro. Por supuesto que es algo casual, pero no deja de remitirnos a esa amenaza. Sobre todo porque en cuestión de tarifas del transporte urbano, estamos acostumbrados a que se prometa oficialmente que no habrá aumentos, para que poco después terminen por imponerse.

Históricamente nada ha sido tan impopular en Nuevo León como los aumentos en el transporte público. También históricamente, ningún clamor popular ha sido tan ignorado como el rechazo a esos aumentos. No es de extrañarse que esta tarde se haya convocado a una protesta pública en las instalaciones del Metro. Una manifestación que parecería muy adelantada, si no supiéramos que tal vez a no muy largo plazo, se imponga el aumento.

Comparando la situación entre el Metro y las rutas urbanas, lo que nos queda no nos da muchas esperanzas. El primer argumento de los empresarios del transporte para aumentar tarifas, siempre ha sido la falta de dinero para mantener los camiones en operación, y para renovar unidades. El accidente de ayer, y otro tantos anteriores, demuestran que el dinero no necesariamente se usa para lo que dicen. El mantenimiento de las unidades no es bueno, y sigue rodando chatarra en las calles. Es decir, nunca se ha cumplido con esas promesas que justifican los aumentos.

En el caso del Metro, habría qué ver por qué el posible aumento. Si la operación no es costeable, es raro que hasta ahora se den cuenta. Además, todavía hay un asunto pendiente, y nunca aclarado debidamente, de las taquillas alternas, cuya captación no fue poca, y cuyo destino no se a explicado todavía. Lo curioso es que si esa merma impactó a las finanzas del Metro, no es ni justo ni legítimo que sea el usuario quien deba pagar por ello. Es obvio que el problema es mayor que ese desfalco, pero antes de plantear un aumento, debería considerarse el impacto en el usuario. Si  con una competencia como la del Metro las rutas urbanas no mejoraron el servicio; menos lo harán si se equiparan o rebasan las tarifas. Antes de pensar siquiera en aumentar tarifas en el Metro, deben primero meter en cintura a los empresarios del transporte urbano, y luego asumir un principio básico tanto para camiones como para el Metro: ambos son transportes públicos y populares. Que no hagan de este un servicio de lujo en el precio, pero de ínfima categoría.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM

Lunes a Viernes a las 07 y 13 horas

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