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Por Oziel Salinas: 

El Presidente Calderón, en su loca carrera contra el tiempo, nos recetó, en su discurso conmemorativo a su sexto Informe de Gobierno, una serie de avances demostrativos de que México es una potencia del primer mundo.

“En una de las crisis económicas mundiales más severas de la historia, México supo sortearla con éxito”, dijo lleno de orgullo; ahora crecemos, aunque poco.

Y que se arranca dándonos cifras estratosféricas respecto a carreteras, que alcanzaron – en su gobierno – mayor número de kilómetros construidos o mejorados que el siglo precedente.

Durante la crisis del virus – que tiene nombre de placa de carro – “dimos ejemplo al mundo”, señaló; saliendo no sólo airosos, sino que “defendimos a otros países de tan severo mal”.

¿Se acuerdan cuando nos dijo que estábamos sorteando las plagas bíblicas?

Pues de nuevo aparecieron en la perorata de hora y media de nuestro Primer Mandatario, ante una audiencia “a modo”. Se trataba de dar a conocer logros, que los hay, sin duda, no reveses, de ahí el consecuente público que llenó el patio central del Palacio Nacional; mucho claque y mucha burocracia. No hay que negarle algunas acciones valientes y preponderantes;  hubo logros, pero la gente, como siempre, se queda con los errores, grandes o chicos.

La  macro economía está estable, firme y sólida; pero los pobres han crecido de manera exponencial. Según cifras del INEGI, nuestro pueblo ha crecido en pobreza, durante su gestión, algo así como en 15 millones. Y eso es grave; las políticas públicas deben tener en la mira a los más desprotegidos de la sociedad y a partir de esa premisa deben fluir los fondos necesarios para paliar esa plaga que, comparada con las de la Biblia resultaría peor.

La desigualdad es demasiada; tenemos al hombre más rico de la Tierra; un señor que crea riqueza, mucha de ella en el extranjero: es ahí donde debiera el Gobierno intervenir, no con amenazas de expropiaciones, sino con promesas de hacer rebajas impositivas en ampliación de empresas que éste señor maneja.

Por supuesto que en la misma forma  debemos alentar la venida de empresarios extranjeros, en lugar de que nuestros braceros emigren, que sea aquí donde esa gente invierta y que sea también en suelo mexicano, donde nuestros compatriotas  encuentren trabajo fijo y bien remunerado; recordemos que Calderón se hizo llamar “el Presidente del empleo”.

Urge una reforma laboral que abarque éstas cuestiones.

El más grave de nuestros problemas es su guerra contra el crimen organizado; esa es la mayor plaga del presente sexenio; dicha batalla está muy lejos de terminar, y el saldo es catastrófico: más de sesenta mil muertes, más de 16 mil secuestrados y otros tantos desaparecidos.

El saldo, en cuanto a lo demás, es positivo, pero estas terribles cifras acosarán sin tregua a Calderón cuando deje la Presidencia el próximo uno de Diciembre.

Es un hombre bueno, pero que no supo formar un equipo de trabajo eficiente en muchos de los órganos de Gobierno; no alentó, ni encausó a su gente, preparándola  para futuros liderazgos.

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