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La información nunca está protegida

Replantearse o replegarse

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Por José Francisco Villarreal:

Los chavos del #YoSoy132, y demás grupos asociados, finalmente cumplieron su promesa de “tomar” las instalaciones de Televisa. No muy coordinados en tiempos, ni muy uniformes en contingentes, pero se desplegaron en varias ciudades de la República. En cada una, los chavos hicieron lo que llamaron una “toma simbólica” de la emisora local de la cadena. Es lo mismo que una toma común, pero sin las molestas complicaciones legales, ni trompadas, ni macanazos.

En algunas plazas los chavos hasta hicieron baile, para solaz del respetable público presente, incluidos los policías apostados ahí, nada más por si las dudas. Después de todo eran muchos chamacos, y la leyenda cuenta que la juventud es revolucionaria y desmadrosa.

En términos amigables, podríamos decir que la toma de Televisa estuvo “chida”. No tanto para quienes estaban dentro de los inmuebles, que seguro esperaban que en cualquier momento se desatara un sanquintín. Los jefes de información de Noticias en cada plaza, seguramente desplegaron sus equipos para cazar la nota “de ocho”. No todos los días les sirven la nota de primera plana en bandeja y en casa.

Aunque la verdad, en los años que trabajé para esa empresa, vi tumultos mucho más incómodos para los que estábamos dentro intentando trabajar. Pero normalmente se trataba de algún festival, algún artista, algún concurso, o algún regalo. No recuerdo una multitud reclamando imparcialidad y decencia. No recuerdo manifestaciones críticas, por lo menos tan numerosas y tan organizadas.

Esto pone el dedo en la llaga, que en un descuido puede saltar también hasta el botón del control remoto del televisor. Sería frívolo, simple, o hasta cínico decir que los manifestantes sólo pretenden poner a López Obrador en la presidencia… cosa bastante difícil a estas alturas. En el fondo hay una crítica real y muy dura contra Televisa, y contra los medios de comunicación en general. Es verdad que hay implicaciones políticas en el movimiento, pero también las hay sociales, y más aún, hay un reclamo que aprovechó la coyuntura y estalló.

El descontento estaba latente. Los niveles de calidad de los programas de entretenimiento han descendido drásticamente. La noticia dejó de ser vinculante de la sociedad, para ser un instrumento del poder económico y político. Y no se necesita demasiada atención para notarlo. El contacto que existía entre los medios de comunicación y la sociedad, se rompió, y no fue la sociedad que cortó el vínculo.

Pero se siguió pensando en la masa popular como un ente manipulable y descerebrado. Al empezar a notarse ese divorcio, no se corrigió el camino, sino que se incrementó el nivel de las causales. Los programas de entretenimiento se hicieron más malos y más estúpidos; y la manipulación de la información noticiosa se hizo más cínica.

Lo interesante de esta toma simbólica es que va más allá de lo político. Pone en evidencia a los medios de comunicación, no sólo a Televisa. Los expone frente a una crítica despiadada. Esto es insólito pero es comprensible. Los televidentes, lectores y oyentes nunca tuvieron a la mano una forma directa de expresar su descontento. Ni siquiera en los hoy casi extintos consejos defensores del televidente o del lector. Un buen intento que pasó a la historia.

Ahora ya encontraron el camino. El pretexto fue la política, pero les mostró que hay formas de asociación y expresión válidas y viables. Y ya que se ha comprobado que existe un público crítico y descontento, a los medios de comunicación sólo les quedan dos posibles salidas: replantearse o replegarse. Replantearse como un instrumento de comunicación vinculante con la sociedad y crítico del poder; o replegarse al cobijo de los poderes político y económico.

Y mucho me temo que elegirán lo segundo…

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