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Reforma migratoria

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Ayer, el presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama Segundo, dijo que ahora es el momento de que Estados Unidos apruebe una reforma migratoria de fondo. En la mesa de negociación está la propuesta legislativa bipartidista, presentada esta semana por congresistas Demócratas y Republicanos. Esto significa que se abreviaría mucho el debate para que finalmente se llegue a un acuerdo y se apruebe la iniciativa. Claro que esto es sólo teoría, y queda claro precisamente en las palabras un poquito más que firmes de Obama, y en su advertencia de que si en el Congreso de Estados Unidos no llegan a un acuerdo en la actual iniciativa, sería el propio Obama quien enviaría otra propuesta, que seguramente causaría más de un dolor de cabeza a los congresistas, sobre todo a los radicales y racistas.

Usted dirá a estas alturas: ‘Y a mí qué me importa’. Claro, es un problema de Estados Unidos, aparentemente no de México. Pero déjeme decirle que por fortuna o por desgracia, Estados Unidos es nuestro vecino, y además, muchos mexicanos emigran constantemente al norte, y por si esto no bastara, un gran número de centroamericanos cruzan ilegalmente por México para ir en busca del famoso “sueño americano”, que con frecuencia termina siendo pesadilla. En pocas palabras, sí nos debe importar, y mucho, la política y la legislación migratoria en Estados Unidos.

A estas alturas, no sólo los inmigrantes ilegales ya instalados en Estados Unidos están muy atentos a la reforma: ¡todo Latinoamérica lo está! La decisión que tomen será determinante, no sólo para el futuro de Estados Unidos, además para las expectativas de muchos latinoamericanos.

La situación es en verdad crítica. Se estima que hay alrededor de 11 millones de migrantes ilegales en el vecino país. Se trata de una fuerza económica más que importante. Es además el puntero de un cambio social que afecta a todos los estadounidenses. Sólo por la cifra, se trataría de un pequeño país dentro de otro, con la salvedad de que no tendría fronteras definidas ni demasiadas limitaciones de flujo.

Es cierto que hay radicales que se oponen ferozmente a cualquier medida a favor de la migración. Algunos con muchos argumentos razonables, pero muchos con una poco disimulada actitud racista.

La oposición a los inmigrantes es más bien un contrasentido para nuestros vecinos. Desde su origen, fueron ellos mismos inmigrantes europeos, y no sólo de Inglaterra. Su expansión fue también producto de una intensa migración, sobre todo desde Europa. Su propia expansión integró en su territorio a las más diversas nacionalidades: hacia el Sur, eran los franceses; hacia el Este, los mexicanos. Se apropiaron del reino de Hawai, con todo y sus pobladores. Lo mismo sucede con Puerto Rico, que todavía se debate su inclusión como estado en la Unión Americana.

Bien dijo Obama, que en Estados Unidos solamente los indios nativos no son de origen inmigrante. El propio Obama es hawaiano, pero de ascendencia keniana.

Lo destacado de este interés de Estados Unidos por una reforma migratoria, es que sería una oportunidad para ponerse en paz con su propio pasado. Con frecuencia un grupo social piensa y siente como un individuo. Así como cada uno de nosotros necesitamos asumir nuestra historia personal, un país tiene también la necesidad de hacerlo. Por eso se ha detectado que al margen de la opinión que expresan los partidos Demócrata y Republicano, los estadounidenses se están pronunciando cada vez más a favor de esta reforma, incluso llegando al grado de considerar una definición y apertura para la nacionalización de inmigrantes.

Hay que estar atentos del debate en el Congreso de los Estados Unidos. La Reforma Migratoria que están discutiendo cambiaría muchas cosas. Tanto así que incluso se desdibujaría la noción que actualmente tenemos de las palabras país, frontera, ciudadano, y hasta patria.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
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