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La información nunca está protegida

De burócratas, Whatsapp y comelonches

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Por Eloy Garza González:

Ayer me preguntaba un alto funcionario del Gobierno de Nuevo León cuál sería el medio de comunicación más seguro para evitar el espionaje telefónico.

Le dividí mi respuesta en dos puntos: el primero, que antes de analizar el medio más seguro, deberían regresarle a los burócratas estatales los celulares confiscados por el inútil plan de austeridad. Es poco lo que se ahorra la administración estatal en este rubro tomando en cuenta que los contratos telefónicos se firman por 18 meses y la penalización de las compañías telefónicas al usuario es muy alta. Es decir, sale junto con pegado.

Luego, si no se regresan cuanto antes los celulares asignados al personal que lo tenía bajo su custodia, es inútil que los burócratas sepan cuál es el medio más seguro como para evitar ser espiados. ¿Para qué si no tendrán aparato por donde hablar? Ahora bien, tomando en cuenta que es un secreto a voces que es el propio Gobierno del Estado quien espía a sus empleados, el afán de encriptación es una ilusión vana: el enemigo viene de adentro.

Aclarado lo anterior, no guardo reservas en recomendar Whatsapp como el medio más seguro en contra del propio espionaje de gobierno. Y es que más que un medio, Whatsapp es una aplicación que ha resistido las pruebas para ser hackeado. Antes, lo seguro ersa usar el PIN del blackberry, mensajería instantánea tan hermética y encriptada que sería la ideal de no ser porque este servicio tiene mala recepción en Nuevo León.

Los altos jerarcas del Palacio de Cantera deberían saber que el Whatsapp se abre a un estado permanente de comunicación interactiva (Twitter surtiría el mismo efecto, pero a partir de una dimensión más amplia, no personal sino social). A diferencia de Twitter, Whatsapp tiene una encriptación aceptable lo cual nos hace menos manipulables a la vigilancia confidencial.

Por otro lado, el Whatsapp mejora el soporte emocional del usuario, en este caso de los burócratas estatales, lo cual les estimula la sociabilidad, efecto que les genera a mediano plazo más felicidad. ¿Y quien no quisiera ser atendido en una ventanilla de la Torre Inteligente por un dependiente feliz?

Feliz y de ser posible bien entrenado en el tema de la colaboración recíproca. Mediante los chats colectivos, Whatsapp enseña a no mentir en las relaciones personales y propicia las habilidades y competencias para el trabajo colaborativo y la adaptación inmediata al entorno laboral, además de favorecer la creatividad propia del intercambio de ideas.

Claro está, no todo lo que reluce es oro: Whatsapp apunta a que será más pronto que tarde un sistema de pago, y esa misma condición comercial mermará las ventajas actuales de la comunicación sincrónica a partir de los smartphones.

De manera que o se ponen a chatear cuanto antes los burócratas estatal por el Whatsapp, o se esperan a que el Gobernador actual deje el cargo con todo y su plan de austeridad (o se vaya anticipadamente y entonces sí tendrán un tema peliagudo qué contar a su comunidad de amigos en línea, a través de esta aplicación).

Tan simple es usar el Whatsapp, que hasta los asalariados comelonches medinistas terminarán relacionándose entre ellos en este entorno virtual, aunque ya se sabe que su hábitat natural no son los chats sino las “notas al lector” de El Norte: tan actualizados que están los pobres.

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