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¿Quién es el ‘extraño enemigo’?

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Este domingo, el Arzobispo de Monterrey, don Rogelio Cabrera, fue muy firme en su posición frente al panismo local. Se trata esta vez sólo de la postura panista de pedir que se militaricen las calles para frenar la violencia. Para Monseñor Cabrera militarizar no es deseable como primera opción urgente, sino más bien como último recurso.

Estamos seguros que los propios militares piensan lo mismo. Una vez que Felipe Calderón dejó el poder, la crítica contra su estrategia contra el crimen se ha agudizado. Si ya eran duras las críticas cuando estaba en el poder, ahora que no lo tiene, las voces contra el expresidente se multiplican y llegan a tanto frenesí que no le faltan denuncias en prácticamente todos los foros.

Más allá de los desaparecidos y muertos durante el régimen pasado,se insiste en que fue una medida desafortunada incluir al Ejército en la lucha contra el crimen. Hay que decir que los militares mexicanos, aquel “ejército de la paz” que tuvimos durante décadas, no pidieron sumarse a esa estrategia. El principio básico del Ejército es la obediencia, y su comandante supremo es el Presidente de la República. Obedecieron, y aunque no estaban preparados ni acostumbrados a una cercanía operativa constante con los civiles, hicieron lo que pudieron.

No se puede negar que se cometieron algunos excesos. Pero tampoco se puede negar que cumplieron con su deber. La propia sociedad, en su gran mayoría, no sólo aceptó sino aplaudió y hasta solicitó el apoyo de los militares. Sin ir más lejos, aquí en Nuevo León, cualquiera sabe que es más seguro denunciar a los criminales al Ejército. Tal vez porque a la par con la disciplina del deber, los militares tienen además un alto concepto del honor. Por desgracia ambas cosas son bastante ajenas al espíritu que mueve a las fuerzas policiacas civiles… y no se diga a las fuerzas políticas.

La propuesta panista local de militarizar las calles parece responder más a la simpatía que despierta en la población, pero no a una verdadera estrategia de seguridad; ni más ni menos que demagogia. La respuesta que da el Arzobispo, como diría el refrán, es mucho más consciente y responsable. Como dice el refrán: “da el remedio y el trapito”. Si bien acepta la capacidad del Ejército para una operación anticriminal, asume que es difícil que se desplacen entre la sociedad civil sin fricciones.

La recomendación de Monseñor Cabrera de que la militarización sea un último recurso, asume también que sea en una situación extrema. ¿Cuál sería una situación extrema? Aunque no estamos en ella, a veces nos acercamos muy peligrosamente. Sería extrema cuando las bandas criminales, organizadas o no, controlen las calles. No sucede todavía, pero a veces pareciera que así es. Sería extrema la situación cuando las autoridades demostraran sin lugar a dudas su incompetencia para combatir a los criminales y para defender a los ciudadanos. Las autoridades no son incompetentes, pero falta muchísimo para afirmar que son medianamente eficientes.

Y el remedio pastoral de don Rogelio es la convocatoria para que todos se sumen a una estrategia civil contra la violencia. Habla de ciudadanos, organizaciones civiles, cuerpos policiacos, funcionarios públicos, y hasta unidades de auxilio.

Si bien no “descubre el hilo negro”, puntualiza y exhibe la dispersión que padece la sociedad y su gobierno. Con esta dispersión, poco puede avanzar. Y hay que decir que satanizar a los militares es también parte de esa dispersión. La estrategia de Calderón pudo no ser la más apropiada, pero no fue culpa del Ejército. Antes de que queramos combatir al enemigo, hay que identificar al enemigo. Y el enemigo no es ni Calderón, ni el Ejército… El enemigo es la corrupción, la incompetencia, la politización del gobierno, y finalmente, el crimen organizado.

ENFOQUE MONTERREY en Radio Beat, 90.1 FM
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