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Las (cínicas e hipócritas) buenas costumbres

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Por Ilich Cuéllar:

Circula por la red un video de una chica que sube al metro de Monterrey y estando ya en un vagón se despoja de su ropa, quedando primero en ropa interior y finalmente se quita el sostén. Así transita por los vagones, contoneándose, sentándose en las piernas de los pasajeros, así hasta que se acaba el video. Esta muchacha es la «famosa» Mujer Luna Bella o Mackye, como se hace conocer tanto en las redes sociales, como en su trabajo: Bailarina en el centro nocturno «Chocolate».

Ese video ha llevado a esta chava en cuestión 48 horas a salir incluso en el periódico El Norte y algunas otras publicaciones, no sólo de Nuevo León, donde se cuestionan la escasa(nula) vigilancia en las estaciones de Metrorrey, aún cuando se supone, hay vigilantes encubiertos. A este suceso se le suma a aquella memorable visita a la Facultad de Ingeniería de la UANL, para publicitar su negocio.

¿A qué viene todo este choro? A qué este acontecimiento y lo que acarrea tras de el, es un ejemplo de la podredumbre de esta ciudad, donde todos se encomiendan a la Virgen de Guadalupe pero no les importa aplaudir actos que atentan contra las dizque buenas costumbre que dizque imperan en esta dizque ciudad de primer mundo. Es como ver porno, con un rosario en la mano con la que te tocas.

Vamos por partes. Esta chica (la cual nadie conoce su nombre, se rumora que se llama Verónica) sabe lo que tiene (natural o no) y sabe venderse muy popular en Facebook, donde tiene cientos de seguidores y a los que suele complacer con espectáculos eróticos y relatos cachondos bastante cotorros. Juega muy bien su personaje, al grado que ha llegado a aparecer en la televisión local con el decano Ernesto Chavana, ¡vaya logro! Incluso se matriculó en la Uni, en la Facultad de Ciencias de la Comunicación, donde ha causado gran revuelo.

Aquí es donde se cruza otro cable en este circuito. Al parecer a Mackye, su personaje ya le subió a la cabeza y a las autoridades de la facultad y a otros mentes puritanas, conciencias prístinas y almas puras no les agrada. Se cuenta que muchos padres de familia han ejercido presión sobre los directivos para que la expulsen, alegando que afecta «la buena imagen y costumbres» de la comunidad escolar, al grado de contarse que un día, se le asignó un tutor personal que se encargaría de vigilarla pues habían recibido reportes de que la chica se drogaba y podía ejercer mala influencia en los alumnos. Vamos, como si la querida FCC no tuviera un historial de porrismo, desvío de fondos y corrupción, como para echarse otra sombrita al saco. Ya saben, aquí nunca pasa nada y todos nos juzgamos a todos.

Claro que ella tampoco se echa mucho la mano, pues en cada desvarío que comete, menciona que es orgullosa estudiante de Comunicación, ciento por ciento Perica (mascota de la facultad). Chale, namás faltaba en el metro, la tanga que usaba, trajera el escudo de la escuela o de la universidad, para que terminar de cavar su tumba.

El resultado de todo este drama, barato y basuril (que no sorprenda a nadie que sea algo planeado por la televisora de la calle 2 de abril) es una mezcla de odio, ignorancia y sandeces, todo proferidos por los mismos que endiosan a esta joven. ¿Ejemplos? Ya saben, lo típico: «no merece estudiar», «eres una zorra» y otras sutilezas del léxico norteño.

Todos tenemos derecho a la educación, así lo marca la Constitución, pero también todos debemos de procurarla y cuidarla como si fuera una flor delicada, al fin de cuentas es con lo único con lo que nos quedamos.

El día que nos dejemos de preocupar por las dichosas buenas costumbres y por personajes tan infumables y sin sentido que sólo buscan sus 5 minutos de fama, quizá seamos una sociedad de primer mundo como tanto se alardea aquí en Monterrey. Y esto implica dejar atrás el cinismo con el que nos desenvolvemos a diario, aunque lo comamos tres veces al día.

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