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Peña Nieto y la ‘Ley del Atajo Mental’

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Por Eloy Garza:

Ronda por ahí una teoría llamada “Revolución de las Expectativas” que más o menos quiere decir lo siguiente: la gente espera ahora más que antes del gobernante, de los productos de consumo, de los servicios profesionales, porque está más informada que nunca, más enterada de su entorno próximo y lejano; sus aspiraciones crecen hoy más que ayer. Por eso la evaluación crítica hacia sus gobernantes es mayor: porque depositan su fe entera en él. Y el despertar es funesto.

Las expectativas se basan en la comparación. Toda expectativa es, en el fondo, una comparativa: con el vecino, con la amiga, con el país de al lado. Y esto lo aplico también al interior de la clase política. Los servidores públicos del PRI, por ejemplo, basan su expectativa de escalar en la pirámide del Tlatoani comparándose con Enrique Peña Nieto; sobre todo los más jóvenes. En otras palabras, tratan de parecerse a él, de imitarlo, de repetir su fórmula ganadora.

Dígalo si no el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, o el de Zacatecas, Miguel Alonso Reyes, entre muchos otros: imitan de Peña Nieto el peinado, los gestos, el tono de voz, el outfite, incluso le copian sus parejas sentimentales extraídas del espectáculo y su tendencia a gastar el dinero de la gente en spot televisivos autopromocionales. En suma, sufren una “revolución de sus expectativas”.

Esta tendencia a compararse con el Primer Mandatario se explica con otra teoría que he denominado “Ley del Atajo Mental”. ¿De qué se trata? De que la mayoría de los seres humanos suelen evitar esfuerzos cognitivos sofisticados, si hallan cualquier atajo o vía rápida de comprensión de la realidad externa. Es decir, nos vamos por lo más facilito, para no batallar.

Y dado que los políticos del PRI son seres humanos (en la mayoría de los casos), están sujetos a la misma ley que postulo: si Peña Nieto llegó al “pináculo del poder” (así hablan ellos), fue gracias a la inversión en espacios televisivos, por presentarse como galán de telenovela, por aparecer en TV-Notas y jaladas del mismo estilo. Puedo asegurarles a estos simplificadores del “Modelo Peña”, que el mexiquense es una personalidad más compleja de lo que parece.

Estos políticos desdeñan las causas de fondo que explican el ascenso meteórico de Peña Nieto. Y es que las personas solemos menospreciar lo que desconocemos. Si ignoramos el ballet, decimos que es arte de maricones. Si no sabemos de música clásica decimos que es hábito de zánganos. Si no entendemos que Peña Nieto llegó a Los Pinos gracias a un juego de balances en Edomex con el rudo grupo Atlacomulco, al hábil manejo de conflictos en su Estado y a una innata capacidad intuitiva para negociar, el político ignorante me interrumpirá para afirmarme: “Está bien, pero lo chido de él es el copetito. ¿Qué tal me luce el mío?”

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