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La información nunca está protegida

La inocencia

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Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Fatigados ya de tanta distorsión que se dice del acontecer nacional sobre lo bueno, lo malo o lo regular del presidente. Del gobierno, de los políticos, de los diputados, de los senadores, de los ministros, magistrados y jueces; de los lideres, de los maestros, de los estudiantes. De los policías. De los militares. Vaya, para abreviar, de los que se van y de los que vienen. Prudente sería, al menos en esta ocasión atisbar, como un descanso, la mente de la infancia en sus peticiones a Jesús, su ángel de la guarda. Y olvidarnos, por un momento de los malos ratos que pasamos, hemos tenido o las amenazas del futuro.

Textos de algunas de las misivas, como aún prevalece la costumbre de enviar en Navidad o Día de Reyes, fueron revelados por una maestra de primaria, a la que conmovieron sus alumnos menores de ocho años. Al tener acceso a las cartas, queremos compartir su contenido con nuestros amigos. Debemos reconocer la profundidad y limpieza de la inocencia. Por ejemplo Enrique: Querido Jesús, en navidad me voy a disfrazar de diablo. No te importa, ¿verdad? Carlos: “Gracias por el hermanito; pero yo había pedido un perro”. Josefina: “Quisiera saber cómo se llamaban tu buey y tu burro”. Emilio: “¿Tu las cosas las sabes antes de que se inventen? Manlio: ¿Cómo es que no has hecho algún animal en los últimos tiempos? Tenemos los de siempre”. Manuel: “No te preocupes por mi. Yo siempre miro a los dos lados antes de cruzar”. Jesús: “Está bien que hagas tantas religiones. ¿Pero no te confundes nunca? Alejandra:” ¡Qué listo eres¡ Todas las noches consigues poner las estrellas en el mismo sitio”. Dolores: “Si de verdad volvemos a vivir, por favor no me hagas como mi prima que es una antipática”. Luis: “Yo soy mexicano. Y ¿tú?

No dudamos que para empezar un gran proyecto, como el que ya se anuncia, hace falta valentía. Y, para terminarlo, perseverancia.

Es en la enseñanza que nos da el candor, la honestidad de la ingenuidad, cuando las criaturas insisten en sus peticiones o inquieren a Su Ángel de la Guarda. Ernesto le pregunta: “Seguro que para ti es dificilísimo querer a todos en todo el mundo En mi familia solo somos cuatro y yo no lo consigo”. Silvano le ofrece: “Si me miras el domingo en la iglesia, te enseño mis zapatos nuevos”. Javier: “Para mí la máquina de escribir es uno de tus mejores inventos”. Joel: “Por favor pon un poco de vacaciones entre Navidad y Semana Santa. Es que ahora en medio no hay nada”. Gustavo: “¿Tu cómo sabías que eras Dios? Juan: “Me llamo Juanito y mi físico es regular, pero no debilucho. Mi hermano dice que tengo una cara horrible, pero me alegro, por que así no tendré una mujer que me esté molestando siempre y contándome chismes” Andrés: “A lo mejor Caín y Abel no se mataban si hubieran tenido una habitación cada uno. Con mi hermano funciona” Y otro Carlos:”Me gusta mucho el Padre Nuestro. “¿Se te ocurrió enseguida o lo tuviste que hacer varias veces? Yo siempre que escribo algo lo tengo que repetir”.

Es cierto que las miradas dicen a gritos, lo que el corazón calla. Y entender que los niños, muy niños, siempre dicen la verdad.

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