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Y por qué no/ Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Nuestra pregunta, y por qué no, es legítima. Nacida de la congruencia con la que se  mueve, en el ambiente político, Andrés Manuel López Obrador. Frente a miles de simpatizantes, en la plaza de la Constitución, se despidió con amabilidad de sus colegas de la izquierda. Anunció, entonces, que el movimiento Morena, (Movimiento de Renovación Nacional) seguirá como grupo social. Y si en las asambleas que llevará adelante en los 300 Distritos Electorales de la República le dan su aprobación,  convertirá el conjunto nacional en Partido Político. Desde allí, no tiene duda, estará pendiente del trabajo que realice el Presidente de la República, a partir del primero de diciembre de 2012. Le recordará siempre los graves problemas que tiene México y los mexicanos: el desempleo, la corrupción, la anarquía en el crecimiento de ciudades; la injusta distribución de la riqueza, el rescate del campo y del campesino, la garantía de la educación, a casa, comida y sustento; al médico y a las medicinas, pero sobre todo darle a los millones que carecen también de lo más indispensable: la seguridad.  Enfatizarle su promesa de resolverlos, incluso a los que no votaron  por él.

Sabe Andrés Manuel que quince millones de ciudadanos, entre ellos las nuevas generaciones estudiantiles, votaron por él y aún cuando no lo hicieron ganar siguen en su apoyo, pero sienten  desconfianza en las autoridades que les negaron la razón, y más ahora que el Tribunal Federal Electoral  anuncia jurisprudencia para crear la certidumbre que en adelante ningún partido político podrá protestar contra determinaciones del Instituto Federal Electoral y menos impugnarlas. Escucha al presidente electo desligarse de amistades y su ofrecimiento a convertir a México en un país diferente a lo que ha sido durante los doce últimos años. Instalarlo de nuevo en un primer plano en el concierto de las naciones que visitará en breve. No tiene duda, suponemos, que nota el esfuerzo del Presidente electo, por comenzar una batalla épica en bien del pueblo.  Seguramente que en su pensamiento lo aplaude, pero físicamente no. Suponemos que cree que el simple hecho de anunciar a Morena, su nuevo partido político, pone entre la espada y la pared a quien le ganó la contienda. Lo obligará a cumplir, a partir de diciembre próximo sus ofrecimientos o sufrir las consecuencias en las futuras elecciones de dos mil trece: catorce gubernaturas, ciento nueve presidencias municipales y en dos mil quince, la integración de la sexagésima tercera Legislatura.

Para entonces, si sus adherentes, aquellos que votaron por él en dos mil doce, le dan la firma, obtendrá el registro oficial, obvio, para Morena, el nuevo  partido político que permitiría la unidad y expansión  del movimiento progresista. Desestimó participación de otros grupos. Mas vale solo que mal acompañado, les dijo. Nada con el señor de las ligas.  Así mantendría un movimiento amplio y plural. Evitaría la fragmentación electoral. Obligaría a los partidos actuales  a una renovación profunda, a superar burocracias y grupos de interés. Pero sobre todo, la nueva organización política, permitirá a los integrantes acceder al poder público y a los cargos de representación popular, sin subordinación, por supuesto a ninguna otra fuerza. Y no cabe la menor duda de que la conformación de Morena, como legal partido político pondrá en riesgo la viabilidad de los proyectos adversos a México. Será, insistimos, un acicate positivo para que el Tricolor demuestre que llegó al poder, con la  mayoría del pueblo, para ayudarlo y no a beneficiarse y beneficiar a sus amigos, a quien como dice y dice bien: el Presidente de la República no tiene amigos y mucho menos compromisos. Enrique Peña Nieto, no dudamos, tendrá que demostrarlo y con ello pondrá los cimientos para que el tricolor, su partido, permanezca en el Poder con el apoyo del pueblo, a quien debe servir sin condición alguna.

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